De vuelta de la República Checa
El miércoles de madrugada terminó mi dulce travesura de viaje a Praga que ya les habÃa comentado. El hotel donde nos hospedamos mis compañeros y yo durante los cinco dÃas de excursión ofrecÃa entre otros servicios el de dos ordenadores con conexión a Internet que tuve tentación de usar en un par de ocasiones para ponerme en contacto con el blog, y lo cierto es que también por Praga pude encontrar unos pocos sitios donde conectarse a Internet, pero espero que comprendan que la situación hizo que dedicara el tiempo y las ganas a otras actividades.
El comienzo más sencillo que se me ocurre es el clima allà vivido. Resumiendo un poco, la primera impresión al salir del aeropuerto de Praga a eso de las seis y media de la tarde (con apenas unos pocos resquicios de luz solar que desaparecieron durante el viaje en autocar hacia el hotel) fue de un frÃo proveniente de otro aire al que estábamos acostumbrados y que medio mojaba el abrigo. Supongo que esta sana frescura quedó eclipsada en parte por la ilusión de lo que quedaba por ocurrir, y en parte por lo agradable de ella teniendo a nuestras espaldas un dÃa de viaje siempre entre paredes y techo. Nuestros cada vez más resecos y pelados labios, más rellenos de sangre que de costumbre, fueron los encargados de recordarnos que habÃa un extraño que no nos habÃan presentado: el aire de Praga. El par de dÃas siguientes transcurrieron, al menos para una fuente tan dudosa como mi memoria, con distantes picos de temperatura, estorbando algo el abrigo a la mañana pero agradeciendo la bufanda a la noche madrugadora, y aliñados con intermitentes lloviznas. Pero no puedo acabar este inesperado y seguro sobrante resumen meteorológico sin comentar el ambiente de la última mañana en Praga: la repentina nevada que nos atacó con potencia durante la visita al barrio judÃo fue lo de menos si me pongo a recordar el frÃo que hizo aquel mismo dÃa, pasadas varias horas del mediodÃa, mientras algunos nos encontrábamos por el metro. Pienso que tuvimos suerte con todo este tiempo; los meteoros no arruinaron la excursión y el frÃo no me suele desagradar. Más bien todo lo contrario. Seguro que en lo alto de estas montañas era mayor.


Se me olvidaba comentárselo: como habrán supuesto fuimos hasta Praga en avión. Yo ya habÃa montado el verano pasado. Miren, ahà me tienen embarcando aún en Barajas.

Las amables azafatas hasta nos dieron de comer. Tengo fotos, pero prefiero no herir la sensibilidad de ninguno de los lectores (ustedes verán si toman en serio o no mis ¿bromas?).
Ya en el hotel, tras no poco rato de conflicto para instalarnos, y tras cenar algo sobre las ocho de la tarde, dimos un paseo nocturno por Praga para comenzar a familiarizarnos con la ciudad que los siguientes dÃas irÃamos conociendo de mayor modo. Más abajo verán fotos de monumentos con la luz del dÃa; de este paseo mejor les dejo esta curiosa y necesaria señal.

Y digo necesaria porque yo mismo pude comprobar varios atropellos de caballo frustrados sobre turistas atontados ante la visión de cualquier monumento. Y es que tanto Praga como Karlovy Vary (que también visitamos), son ciudades inundadas de cámaras de fotos, variedad de acentos… Eso que llaman turismo y que tanto detesta Sánchez Dragó.
Exceptuando esa primera jornada, y la última, en la que visitamos el Teatro Negro, las noches las pasábamos al completo en el hotel. Y lo cierto es que la tónica de todos nosotros, a pesar del disfrute matinal de la ciudad, era de espera a la llegada de la noche. Lo cierto es que dormimos muy poco, pero entenderán que no desvele aquà las idas y venidas entre habitaciones, los estampados de los pijamas, etc. No sean morbosos y concédanme el mantenimiento del poco respeto que conservo en este blog.
Para visitar el centro de Praga tenÃamos que atravesar cinco paradas de metro. Nunca habÃa montado y con esta excursión lo he probado muchas veces. Me parece un transporte rápido y eficaz, además de lo curioso que resulta la carencia de comodidades superfluas: el hecho de ir todos apilados y agarrados de mala manera a una barra me hacÃa sentir un joven minero que habÃa madrugado para ganarse el jornal cuando en realidad era un pedante turista que no habÃa dormido y que regresaba a su hotel en busca de más fiesta. Supongo que a veces es necesario sentirse tratado como una oveja. En una visita a cierto palacio de cuyo nombre no puedo acordarme pudimos maltratar un poco a este guardia tan serio.

Ya saben que no lo maltratamos. Tan sólo tuvo que soportar algunas incómodas decenas de fotografÃas. A simple vista la escena pudiera despertar algún tipo de lástima: ver a ese joven encorsetado aguantando las bromas de turistas adolescentes. Yo sentencié algo asà como: <<Que se hubiera metido a pescadero>>, justo en el momento en que un barrendero me pitó a mà exclusivamente con el timbre de su carrito porque le obstaculizaba el paso. Respecto a la policÃa de Praga, puede ser que trabaje de diferente forma a la española (pude ver alguna que otra cuadrilla de cinco que realmente imponÃa por la calle), pero la realidad no se asemeja para nada a la caricatura que me habÃan dibujado de la seguridad en Praga y que ciertamente nunca me habÃa llegado a creer. Supongo que las amenazas son una técnica para meter miedo a las pandillas de turistas que pudieran ocasionar daños.
Por mucha República que sea la Checa, pude ver coronas como la de esta puerta y esta estatua, además de su moneda: la corona.



La excursión también consiguió todo un reto: he vuelto a entrar en una iglesia. En realidad en varias. Pero bien sabe Dios que por motivos meramente arquitectónicos.


El sÃmbolo más conocido de la tierra de Kafka probablemente es el reloj astronómico, y la plaza en la que está alojado. El funcionamiento del reloj a cada hora es todo un espectáculo, y se forman grandes tumultos de gente para verlo. Nosotros no encontramos esa plaza en su estado natural, ya que en ella estaban asentadas casetas y puestos de alimentos a consecuencia de la Semana Santa, celebración que, me ha parecido, debe ser muy importante allá. Aquà pueden ver.


Pudimos incluso encontrarnos con alguna manifestación. El sábado, al ver que una joven sujetaba una pancarta con un logotipo contra la guerra, recordé que se iban a celebrar estas manifestaciones por todo el mundo, a raÃz del quinto aniversario de la invasión a Irak. También saqué esta foto a una manifestación que encontramos; en ella portaban pancartas que yo no puedo entender, pero tengo la impresión que no tenÃa que ver con las manifestaciones contra la guerra.

También, como he dicho, visitamos la ciudad termal de Karlovy Vary. Una ciudad de juguete. Preciosa. Allà son interesantes recuerdos el licor, las obleas y el agua (y por supuesto la cerveza, que para eso estamos en la República Checa). Los tres muy particulares.







Además de ver la famosa iglesia ortodoxa, bonitas casas… entre lluvia y lluvia encontré mi monumento preferido: la estatua de mi amigo Karl. Ahà me tienen, conteniéndome de alzar el puño sólo por la presencia en la sombra de mi ex profesora de Educación FÃsica que nos acompañaba, temiendo que me castigara con media hora de carrera continua.



Si de algo he reflexionado allÃ, es de la (no) presencia del comunismo. Los sÃmbolos comunistas han quedado relegados a las tiendas de souvenirs (gorros soviéticos, camisetas de la CCCP, etc.). También se puede encontrar un museo del comunismo al que no asistÃ, pero que por lo que tengo entendido, no ha de ser muy simpatizante del mismo. Es curioso como a escasos metros de dicho museo, se puede encontrar un restaurante McDonald’s. Mejor dicho, uno de los muchos restaurantes McDonald’s que hay en Praga: lo menos diez. Estos sÃmbolos del capitalismo y del asqueroso servicio junto a otras tiendas que no mencionaré, también españolas, me hicieron llegar a la conclusión de que un paÃs con un sistema comunista, que deja tenerlo, no necesita de un gran periodo de tiempo para que el capitalismo lo invada, y asà pase de un punto a su extremo opuesto. Praga está totalmente invadida. Por cierto; me he encontrado con que la Juventud Comunista Checa (KSM) ha sido ilegalizada nada más venirme yo (1 y 2); paradojas de la vida. También me ha quedado claro con este viaje que la miseria es el mal internacional por excelencia. Pude encontrarme con varios mendigos en estados preocupantes de frÃo a pocos metros de estas grandes sucursales del capital que son las grandes tiendas de Praga. Y es curioso comprender como también coincide la actitud pasiva de turistas y paseantes hacia las mendicaciones.
Otro de los sÃmbolos de la capital checa es el puente de Carlos, que pude atravesar por encima a pie, disfrutando de músicos, caricaturistas, haciendo algún montaje…




…Y por debajo en barco; desde donde pude hacer bonitas fotos.


En la última jornada, sosteniendo el catarro que me acompañó todo el viaje, visitamos el barrio judÃo. Vimos sinagogas de lo más antiguas (se rumorea que más viejas que Fraga, pero yo no me lo creo), un romántico cementero (a través de una verja, eso sÃ)… todo ello antes de que un reflejo de copos diera paso a una frÃa nevada en menos que Fernando Alonso realiza una salida.




Un viaje inolvidable. Una experiencia de cinco dÃas de la que no querrÃa olvidar ni un solo detalle, tanto los que les he contado como los que no, que no son pocos. Para eso tengo las fotografÃas, las conversaciones y el esfuerzo de mi recuerdo, por supuesto. Aunque en estas ocasiones es cuando uno lucha por que ese esfuerzo se mantenga intacto, para asà quedar igual de intactos los detalles de una bonita convivencia. Desde luego viajar educa tanto o más que leer. No sé si habrán extrañado mis escritos. Supongo que no porque estarán acostumbrados a la tardanza entre publicación y publicación, pero yo sà he pensado en lo que estarÃan escribiendo cada uno de los blogueros que frecuento. Ya he estado poniéndome al dÃa para volver a la carga y retomar esto con fuerza.
Salud
David Manjón Barrera, 21 de Marzo de 2008 (22:34)
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Imágenes de David Manjón Barrera (y amigos)
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Bueno, ya veo que has vuelto feliz. Praga es una gran ciudad, quizá un poco atestada de turistas, por lo que cuentas y lo que se dice. Ya te comenté que seguramente iré el mes de que viene (aún no es definitivo), pero si no puedo ahora será antes de fin de año.
Yo la conocà hace unos diez años y me pareció estupenda, espero que ahora siga tan bella.
Bienvenido otra vez a tu casa.
Salud y República
David, ya no me sorprende nada viniendo de tÃ, a un excelente analÃsta polÃtico, con unos ideales firmes que para sà quisieran muchos, se suma ahora un fotógrafo insigne y un guÃa de los mejores, virtualmente, te he seguido en tu periplo, gracias por compartirlo con nosotros…
Te añorabamos, un beso:
[...] siguiente escrito tras las conclusiones de mi viaje, no podÃa ser otro que un balance de los resultados electorales. Un tardÃo balance, he de decir; [...]
Espero que te sirvan para tu viaje mis comentarios, Rafa.
Gracias Selma, pero exageras.